Prueba de la BMW S 1000 RR


20/07/2015


Prueba de la BMW S 1000 RR

Después de haber rodado con la BMW S 1000 RR más en circuito que en vías abiertas al tráfico tengo que decir que me habría gustado más rodar con ella por carreteras con buen asfalto. No es que me guste especialmente eso de compartir el asfalto con otros vehículos pero esta es una de esas motos de las que no te quieres bajar.<!–more–>

Pero como siempre, por desgracia llega la hora de despedirse, pero antes vamos a dar las últimas pinceladas a la experiencia que hemos tenido sobre una de las motos más bestiales de los últimos años. Una moto que ha cambiado más de lo que parece, porque si jugáis a buscar las diferencias veréis que todas las fibras son distintas. Y en el interior también hay novedades interesantes como ya hemos visto esta semana.

Habrá gente a quien le parezca una moto cabezona que le cuesta entrar en curva pero para mí, que prefiero tener que enseñar la trazada a la moto a que sea ella la que cae directamente, me parece que es un compromiso perfecto entre agilidad, estabilidad y una pisada firme del tren delantero. No me gustan las motos excesivamente nerviosas, luego se mueven mucho metidas en curva.

El propulsor es un prodigio de elasticidad, suavidad y potencia desorbitada. Si quieres jugar a los dragsters puedes hacerlo, hasta tienes un launch control disponible, y si quieres ir a hacer recados por ciudad no se convertirá en tu archienemiga, salvo por una cosa.

La única contraindicación del enorme potencial escondido en sus entrañas es el tremendo calor que desprende. Cualquier hueco por el que el aire caliente se pueda escapar se convertirá en una auténtica chimenea dispuesta a abrasarte la piel.